Una evaluación interna de la DEA revela que la ofensiva militar de Estados Unidos no redujo el flujo de cocaína, sino que obligó a las organizaciones criminales a abandonar las narcolanchas y abrir nuevas rutas por aire y mar.
Durante años, las narcolanchas fueron uno de los principales símbolos del tráfico de cocaína en el Caribe. Sin embargo, una evaluación de la Administración para el Control de Drogas (DEA) revela que esa realidad está cambiando: los cárteles están dejando atrás las embarcaciones rápidas y modificando por completo sus rutas para mantener el flujo de droga hacia Estados Unidos.
El documento, citado por The Washington Post, concluye que la ofensiva militar impulsada por Estados Unidos desde septiembre de 2025, conocida como Operación Lanza del Sur, no logró reducir la disponibilidad ni el precio de la cocaína en territorio estadounidense. En cambio, provocó que las organizaciones criminales adaptaran sus métodos de transporte para evitar los ataques en aguas internacionales.
Del Caribe al aire: así cambiaron las rutas
La evaluación de la DEA señala que los traficantes han reducido el uso de lanchas rápidas y ahora privilegian embarcaciones de mayor tamaño, rutas cercanas a las costas y un incremento en el uso de aeronaves que despegan desde pistas clandestinas ubicadas entre Colombia y Venezuela con destino a Guyana y Surinam.

El objetivo es evitar las zonas donde la presencia militar estadounidense se ha intensificado y disminuir el riesgo de ser interceptados o atacados.
Un funcionario de la DEA resumió el fenómeno con una metáfora que refleja la capacidad de adaptación del crimen organizado:
«Cuando aprietas un globo por un lado, siempre se expande por el otro».
Desde el inicio de la Operación Lanza del Sur, fuerzas estadounidenses han atacado 67 embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, con un saldo de 221 personas fallecidas, según recuentos citados por medios internacionales. Sin embargo, analistas de la DEA concluyeron que la pureza de la cocaína y su disponibilidad en Estados Unidos prácticamente no cambiaron, un indicador de que el suministro continúa llegando al mercado.
Un negocio que se adapta
El Pentágono sostiene una postura distinta. Su portavoz, Sean Parnell, afirmó que la estrategia sí ha generado una «fricción sistémica» sobre las redes criminales y que el hecho de que los cárteles cambien constantemente de tácticas demuestra que la presión militar está teniendo efectos.
Especialistas citados en la investigación coinciden en que la transformación de las rutas responde al crecimiento histórico de la producción de cocaína en Sudamérica.

De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la producción mundial alcanzó niveles récord en los últimos años, impulsada principalmente por Colombia, lo que permite a las organizaciones criminales absorber mayores costos logísticos y diversificar sus métodos de transporte.
Incluso con mayores pérdidas por incautaciones o ataques, el margen de ganancias sigue siendo suficiente para sustituir rutas, embarcaciones o aeronaves cuando una vía deja de ser segura.
El Caribe cambia de papel
Para la región del Caribe, el cambio implica una transformación importante. Durante décadas, las narcolanchas dominaron buena parte del tráfico marítimo de cocaína hacia Norteamérica. Ahora, la presión militar ha desplazado parte de esas operaciones hacia corredores costeros, vuelos clandestinos y rutas menos vigiladas en el norte de Sudamérica.
Lejos de desaparecer, el narcotráfico parece haber entrado en una nueva etapa, en la que la capacidad de adaptación de las organizaciones criminales vuelve a desafiar las estrategias tradicionales de combate al crimen organizado.

