Miles de perros y gatos sobreviven sin una familia en Quintana Roo; adoptar, esterilizar o regalar unas horas también puede transformar su historia

El Día Internacional del Animal sin Hogar se conmemora este sábado 15 de agosto para recordar a los perros y gatos que viven en las calles y promover la adopción, la esterilización y la tenencia responsable. En Quintana Roo, autoridades, centros municipales y rescatistas enfrentan durante 2026 un problema cuya dimensión exacta sigue sin conocerse: no existe un censo estatal actualizado que determine cuántos animales carecen de hogar.
La fecha se celebra cada tercer sábado de agosto desde 1992 por iniciativa de la International Society for Animal Rights. En Quintana Roo, solamente en Cancún se estima que entre 180 mil y 200 mil perros viven en situación de calle, mientras municipios como Benito Juárez y Playa del Carmen mantienen campañas de esterilización, rescate y adopción.
Día del Animal sin Hogar: esterilizar antes de abandonar
Cancún realizó este año la campaña «Cero sobrepoblación animal de raíz». En junio, el Instituto para la Protección y Bienestar Animal reportó 527 esterilizaciones acumuladas durante la administración y mantuvo jornadas gratuitas en diferentes colonias. En Playa del Carmen, el Centro de Control Animal, Asistencia y Zoonosis (CENCAAZ) ofrece adopción de perros y gatos abandonados o no reclamados, además de servicios de esterilización. En Chetumal, las estimaciones evidencian otro problema: ni siquiera existe certeza sobre cuántos animales viven en las calles.
Una problemática difícil de contar
- 180,000 a 200,000perros en situación de calle se estiman en Cancún.
- 527 esterilizaciones acumulaba Benito Juárez hasta junio.
- 30 perros aproximadamente puede albergar el Centro de Atención Canina de Chetumal.
Gandalfito no esperó al fin de semana


Pero el Día Internacional del Animal sin Hogar también puede contarse desde una puerta que se abrió. Era miércoles 15 de junio de 2022, en Playa del Carmen, cuando apareció Gandalfito, un gato con miedo en la mirada. Bastó un «hola, chiquito, ¿cómo estás?», una caricia y una puerta abierta para que entrara solo al departamento.
La idea era darle alojamiento por una noche. Una almohadita en el baño resolvió dónde dormiría aquel huésped inesperado. Al día siguiente comenzaron a preguntar entre los vecinos si alguien lo reconocía. Nadie apareció. Y había una ironía hermosa: ese fin de semana la familia tenía planeado ir a adoptar un perro. Gandalfito simplemente se adelantó y fue él quien los eligió primero.
Había, eso sí, mucho que aprender. En aquella casa siempre habían vivido perros, incluso de razas grandes. Nunca un gato. Así comenzaron las preguntas. ¿Qué come? ¿Cómo se cuida? ¿Qué necesita? Amigos, veterinarios, videos y lecturas se convirtieron en una pequeña guía para aprender a vivir con Gandalfito.
Y él también empezó a enseñar. A diferencia de aquellos perros que buscaban permanecer cerca buena parte del tiempo, Gandalfito podía acercarse a pedir cariño y, unos minutos después, decidir que ya había sido suficiente. Aprender a quererlo significó también aprender a respetar su espacio y su personalidad.
Ese mismo día fue llevado al veterinario para revisión, vacunación y desparasitación. Tenía dos pequeñas marcas, parecidas a arañazos, donde no le crecía pelo; los médicos consideraron que posiblemente había tenido un encuentro con algún animal pequeño de la selva.
Con cuidados, el pelo volvió a crecer. Gandalf se convirtió en Gandalfito y, eventualmente, aquella mirada temerosa desapareció. Una de las señales estaba a la vista: Gandalfito pasó de dormir hecho bolita sobre una almohada improvisada a hacerlo panza arriba en una cama que, al menos originalmente, estaba destinada a los humanos.
Para ayudar no siempre hay que adoptar


Adoptar implica alimento, esterilización, vacunas y atención veterinaria, pero también tiempo, paciencia, cariño y respeto por la personalidad de cada animal. Un collar con placa, nombre y teléfono puede ayudar a que regrese a casa si se pierde; cuando sea posible, el microchip añade otra herramienta de identificación.
Pero no todos pueden adoptar. Y ahí comienzan otras formas de ayudar. En comunidades de Playa del Carmen existen redes de vecinos que se reparten el trabajo: alguien rescata, otra persona consigue atención veterinaria, alguien más dona alimento, busca hogar temporal o ayuda a pagar una esterilización.
También está quien simplemente presta sus piernas. Oso y Lobito fueron dos perros rescatados que necesitaban salir a caminar mientras esperaban una familia. Una vecina que ya tenía a Gandalfito y no podía adoptarlos encontró otra manera de contribuir: cada mañana tomaba sus correas y los sacaba a pasear. Otros vecinos hacían lo mismo con más perros.
Detrás de muchos rescates hay justamente eso: una cadena de pequeñas acciones que, sumadas, terminan cambiando una vida. Gandalfito encontró la suya aquella noche de junio de 2022. Hoy es parte de una familia que lo ama profundamente. Y cuando alguien dice que esa familia rescató a aquel gatito asustado, la respuesta sigue siendo la misma: Gandalfito es quien los ha rescatado muchas más veces desde entonces.
