Ricardo Salinas Pliego acordó pagar más de 32 mil millones de pesos al SAT, mientras intensifica sus ataques contra Morena y contempla participar en la elección presidencial de 2030. Claudia Sheinbaum responde desde Palacio Nacional y lo acusa de promover la confrontación. El pleito fiscal comienza a cerrarse; el político apenas toma impulso

Ricardo Salinas Pliego aceptó pagar al Servicio de Administración Tributaria, pero no guardó la cartera ni el megáfono. Después de más de dos décadas de litigios, Grupo Salinas acordó cubrir 32 mil 132 millones de pesos, mientras su propietario eleva las críticas contra el Gobierno de Claudia Sheinbaum y deja abierta una posible candidatura presidencial para 2030.
El enfrentamiento entre Sheinbaum y Salinas Pliego cambió de ventanilla. Primero se discutía cuánto debía pagar el empresario; ahora se debate hasta dónde pretende llegar políticamente. El SAT cobra en parcialidades, Palacio Nacional responde en la mañanera y el dueño de TV Azteca ensaya en redes sociales el papel de opositor nacional.
Salinas Pliego paga, pero mantiene abierto el pleito
Grupo Salinas informó el 29 de enero de 2026 que pagaría 32 mil 132 millones de pesos para cerrar sus controversias tributarias. Entregó inicialmente 10 mil 400 millones y acordó cubrir el resto mediante 18 parcialidades.
El Gobierno federal presentó el pago como una prueba del fin de los privilegios fiscales. Salinas Pliego sostuvo que el monto era injusto y describió el proceso como una persecución política.
Ambas partes obtuvieron una frase para presumir: el Gobierno puede decir que finalmente cobró; el empresario puede afirmar que pagó bajo presión. La diferencia es que los discursos no alteran el depósito bancario ni las resoluciones judiciales que antecedieron al acuerdo.
De contribuyente en litigio a posible candidato presidencial
El pago no redujo la ofensiva política del empresario. Salinas Pliego se presenta como adversario del “régimen”, defensor de las libertades económicas y crítico permanente de Morena.
También ha dejado abierta la posibilidad de competir por la Presidencia en 2030. Hasta ahora no existe candidatura formal, partido que lo postule ni estructura electoral acreditada. Su proyecto permanece en el terreno de las declaraciones, las redes sociales y el tanteo político.
La paradoja es evidente: un empresario que construyó parte de su poder mediante concesiones, televisión abierta, servicios financieros y comercio popular intenta proyectarse como una figura ajena al sistema. Es el multimillonario antisistema, una categoría tan contradictoria como pagar una deuda de contado en 18 mensualidades.
Sheinbaum lo acusa de promover la confrontación
Claudia Sheinbaum también ha endurecido sus respuestas. La Presidenta acusó a Salinas Pliego de difundir mensajes que alientan la confrontación y de intentar proyectar una imagen de caos en México durante las protestas previas al Mundial 2026.
La mandataria reconoció que no tenía pruebas para responsabilizarlo de organizar movilizaciones. Su señalamiento se concentró en el contenido y el tono de sus declaraciones, no en una operación política demostrada.
El problema para Palacio Nacional es que cada respuesta convierte al empresario en interlocutor presidencial. Si el objetivo era reducirlo a un contribuyente con obligaciones fiscales, exhibirlo constantemente desde la mañanera produce el efecto contrario: le entrega exposición nacional gratuita.


TV Azteca entra en concurso mercantil
El ascenso del discurso político ocurre mientras TV Azteca enfrenta un proceso de concurso mercantil para reestructurar pasivos y negociar con sus acreedores.
El procedimiento no significa que la televisora haya quebrado ni que dejará de operar. Abre una etapa de conciliación financiera que puede concluir con un convenio o, en caso de fracasar, avanzar hacia una posible quiebra.
El contraste golpea la narrativa empresarial: mientras Salinas Pliego habla de rescatar al país, una de sus compañías más importantes busca reorganizar sus propias cuentas. Esto no invalida sus críticas al Gobierno, aunque obliga a examinarlas con el mismo rigor que exige para las finanzas públicas.
Ni perseguido por decreto ni candidato por publicación
El enfrentamiento entre Sheinbaum y Salinas Pliego debe observarse sin porras. La Presidenta tiene que demostrar que la ley se aplica con el mismo rigor a empresarios, funcionarios y aliados de Morena.
Salinas Pliego tiene derecho a cuestionar al Gobierno, aunque sus publicaciones no sustituyen sentencias, documentos fiscales ni una organización electoral real. Haber pagado después de perder recursos judiciales centrales también debilita la versión de que todo el expediente fue una invención política.
El conflicto tributario comienza a cerrarse mediante pagos programados. El político apenas arranca. Uno gobierna desde Palacio Nacional; el otro transmite, publica, provoca y calcula.
Por ahora, Salinas Pliego no es candidato y Sheinbaum no ha probado que encabece una conspiración contra el país. Lo acreditado es menos cinematográfico: el empresario debe continuar pagando, TV Azteca debe reestructurar sus pasivos y la Presidenta debe evitar que cada acusación termine convertida en publicidad gratuita para su adversario.
