Alejandro Moreno tomó la primera vuelta presidencial brasileña como ejemplo para acusar al oficialismo mexicano de construir una narrativa de triunfo anticipado rumbo a 2027.

La primera vuelta presidencial de Brasil terminó por convertirse también en argumento de la disputa política mexicana. Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, utilizó el resultado electoral brasileño para cuestionar el peso que Morena y sus dirigentes otorgan a las encuestas en la construcción de escenarios rumbo a 2027.
El punto de partida fue el resultado registrado este fin de semana. Con el 100% de las mesas contabilizadas, Flávio Bolsonaro obtuvo 47.03% de los votos y Luiz Inácio Lula da Silva 45.16%, por lo que ambos disputarán una segunda vuelta el próximo 25 de octubre. Varias encuestas publicadas antes de la elección habían colocado a Lula por delante.
A partir de esa diferencia entre las mediciones previas y el resultado de las urnas, Moreno sostuvo que Brasil deja una “lección” para México: una encuesta puede medir preferencias, pero no determina el desenlace de una elección.
“Las encuestas no votan”
En un mensaje difundido en sus redes sociales, el dirigente priista afirmó que lo ocurrido en Brasil debe funcionar como advertencia frente al uso político de las mediciones electorales.
“Una cosa es medir la opinión pública y otra muy distinta utilizar las encuestas para instalar la percepción de que una elección ya está ganada”, sostuvo Moreno. También acusó a Morena de construir una narrativa de triunfo anticipado mediante mediciones que presentan a determinados actores como ganadores antes de que la ciudadanía acuda a las urnas.
Lo que vimos en Brasil también debe servir de advertencia en México, porque una cosa es medir la opinión pública y otra muy distinta utilizar las encuestas para instalar la percepción de que una elección ya está ganada. Durante semanas, las principales mediciones colocaron a Lula da Silva al frente de la primera vuelta. Llegaron las urnas y la historia fue distinta. Eso es precisamente lo que MORENA intenta instalar en México: la narrativa del triunfo anticipado. El oficialismo celebra y difunde mediciones de empresas que, casualmente, han sido exhibidas por recibir contratos públicos millonarios del propio gobierno. Desde el poder se utilizan encuestas y mediciones como herramientas de propaganda para fabricar una percepción de triunfo inevitable. Te dicen quién va ganando, quién ya perdió, quién es competitivo y quién “no tiene ninguna posibilidad”. Repiten todos los días que la oposición no tiene posibilidades y que todo está decidido antes de que la gente salga a votar. Brasil nos está dejando una lección: no se vota por lo que dicen las encuestas; se vota por lo que piensa la gente. Que hablen las urnas. Las encuestas no votan.
— Alejandro Moreno (@alitomorenoc) October 5, 2026
El dirigente priista llevó la comparación directamente al escenario mexicano y resumió su posición con una frase: “Que hablen las urnas. Las encuestas no votan”.
Brasil sorprendió a varias mediciones
El argumento de Moreno parte de un hecho verificable: la primera vuelta brasileña terminó con Bolsonaro ligeramente por encima de Lula, pese a que sondeos recientes mostraban al actual mandatario al frente.
Datafolha, por ejemplo, publicó antes de la elección una medición que colocaba a Lula con 45% y a Bolsonaro con 42%. El resultado final invirtió esa posición: Bolsonaro terminó con poco más de 47% y Lula con poco más de 45%.
La diferencia tampoco implica que las encuestas hayan anticipado un resultado completamente distinto: algunas registraban márgenes estrechos entre ambos candidatos. Sin embargo, el cambio en el orden final dio a Moreno el argumento para cuestionar la manera en que las mediciones son utilizadas dentro de la comunicación política mexicana.


El mensaje llega después de las definiciones de Morena rumbo a 2027
La declaración aparece además en un momento particular. Morena acaba de concluir buena parte de sus procesos internos para definir coordinaciones estatales en las entidades donde habrá elecciones en 2027, utilizando encuestas como uno de los mecanismos centrales para determinar a sus perfiles.
El método dejó inconformidades en distintos estados y abrió discusiones sobre la forma en que las mediciones se utilizan para ordenar la competencia interna. En Nuevo León, por ejemplo, Tatiana Clouthier cuestionó la designación de Clara Luz Flores; en otras entidades también surgieron reclamos después de conocerse los resultados.
Moreno colocó ahora la elección brasileña dentro de esa discusión: si las encuestas pueden fallar al anticipar el orden de una elección nacional, tampoco deberían utilizarse como prueba de que un escenario político está resuelto de antemano, según su planteamiento. Esa es una interpretación política del dirigente priista, no una conclusión derivada automáticamente del caso brasileño.
Brasil comienza a funcionar como espejo de la política mexicana
La reacción de Moreno muestra cómo un proceso electoral extranjero puede convertirse rápidamente en parte del discurso político doméstico. Lo ocurrido en Brasil dejó de ser únicamente una elección latinoamericana para convertirse también en referencia dentro de la disputa mexicana rumbo a 2027.
En Brasil, el dato concreto es que Bolsonaro y Lula irán a una segunda vuelta después de una primera ronda más cerrada y con un orden distinto al señalado por varias mediciones.
En México, la lectura ya es política. Para la oposición, el resultado sirve para cuestionar cualquier idea de triunfo anticipado; para Morena, las encuestas siguen siendo uno de los instrumentos utilizados en sus procesos internos. La diferencia entre medir preferencias y convertirlas en narrativa electoral vuelve así al centro de la discusión.
