Mientras el proyecto avanza hacia una nueva etapa de carga y conexión logística del sureste, la visita de dos legisladoras de Nueva York vuelve a colocar bajo revisión los impactos ambientales del Tramo 5 y las respuestas que México ha dado a señalamientos que se remontan a 2022

El Tramo 5 del Tren Maya vuelve al centro del debate ambiental en un momento distinto al que originó la controversia en 2022. El proyecto atraviesa ahora una nueva etapa de desarrollo que busca ampliar su función más allá del transporte de pasajeros y el turismo, mediante infraestructura destinada al movimiento de carga y su conexión con puertos y corredores logísticos del sureste mexicano.
Esta expansión coincide con la permanencia de cuestionamientos sobre los impactos ambientales del Tren Maya, particularmente en el tramo construido entre Playa del Carmen y Tulum, donde la infraestructura atraviesa una región caracterizada por su suelo kárstico y una extensa red de cuevas, cenotes y ríos subterráneos.
El tema recuperó exposición internacional después de que las legisladoras demócratas de Nueva York Karines Reyes y Emérita Torres recorrieran el sistema de cavernas Aktun T’uyul acompañadas por organizaciones ambientalistas que mantienen señalamientos sobre las afectaciones generadas durante la construcción.
Las legisladoras estatales no tienen facultades para intervenir en las decisiones de las autoridades mexicanas y su recorrido no constituye una investigación del Congreso federal de Estados Unidos. Su presencia funciona como detonante de una discusión cuyo fondo permanece en México: qué afectaciones están documentadas, qué obligaciones ambientales fueron establecidas, qué medidas se han ejecutado y cómo se compatibilizará la expansión económica y logística del Tren Maya con la protección ambiental de Quintana Roo.
El Tramo 5 del Tren Maya acumula cuestionamientos desde 2022
La controversia se remonta a principios de 2022, cuando el gobierno federal modificó el trazado del Tramo 5 y desplazó parte de la ruta originalmente proyectada sobre el corredor de la carretera federal 307 hacia terrenos de selva.
El cambio colocó infraestructura ferroviaria sobre una región caracterizada por su suelo kárstico y una extensa red de cavernas, cenotes y ríos subterráneos. Científicos, espeleólogos y organizaciones ambientalistas comenzaron entonces a cuestionar los trabajos y sus posibles efectos sobre el acuífero de la Riviera Maya.
La discusión llegó también a tribunales. En abril de 2022 se concedió una suspensión provisional y el 30 de mayo de ese año el Juzgado Primero de Distrito en Yucatán otorgó una suspensión definitiva relacionada con la ausencia, al inicio de determinados trabajos, de la autorización de impacto ambiental correspondiente.
La obra continuó posteriormente bajo nuevas condiciones jurídicas y administrativas, mientras las características del terreno llevaron también a modificar soluciones de ingeniería empleadas durante la construcción.
Pilotes y cavernas mantienen abierto el debate ambiental
Conforme avanzaron las obras, el debate ambiental sobre el Tramo 5 del Tren Maya también cambió. Los primeros cuestionamientos se concentraron principalmente en el desmonte de selva y el cambio de trazado; posteriormente, la atención se trasladó hacia la intervención del subsuelo y la instalación de pilotes para sostener segmentos elevados del Tramo 5 Sur.
Durante los años siguientes, ambientalistas, espeleólogos y buzos documentaron estructuras dentro de sistemas de cavernas y denunciaron presencia de concreto, elementos metálicos y modificaciones en espacios conectados con el acuífero.
Es dentro de este antecedente donde se inserta el recorrido de Reyes y Torres por Aktun T’uyul. Las legisladoras observaron infraestructura instalada en el sistema subterráneo y recibieron información de organizaciones que han dado seguimiento al proyecto.
Sus declaraciones y observaciones no constituyen por sí mismas un dictamen científico sobre contaminación o daño ambiental. La relevancia de la visita radica en que vuelve a proyectar fuera de México una controversia iniciada hace cuatro años y cuyo esclarecimiento corresponde a las autoridades ambientales, órganos jurisdiccionales y evaluaciones técnicas.
Tren Maya avanza hacia una nueva etapa de carga y logística
Mientras continúa esa discusión, el Tren Maya amplía su alcance económico y logístico. El proyecto ferroviario, asociado inicialmente al transporte de pasajeros y a la conectividad turística de la Península de Yucatán, contempla también infraestructura para movilizar mercancías y vincularse con otros nodos estratégicos del sureste mexicano.
Esta nueva etapa modifica la dimensión del debate. La discusión ya no se limita a los impactos generados durante la construcción de la vía ferroviaria, sino que alcanza el crecimiento futuro de una infraestructura que pretende incrementar el movimiento de carga y fortalecer la conectividad regional.
Para Quintana Roo existe además una condición particular: parte de la infraestructura del Tramo 5 atraviesa uno de los sistemas kársticos más complejos de la Península de Yucatán, donde las cavernas, cenotes y corrientes subterráneas forman parte de un mismo sistema ambiental.


Cuestionamientos sobre el Tramo 5 continúan en México
La visita internacional coincide además con nuevos planteamientos dentro del Poder Legislativo mexicano. Durante 2026 se han presentado solicitudes para obtener información relacionada con posibles afectaciones ambientales y condiciones estructurales del Tramo 5.
Entre los temas colocados en la discusión aparecen la estabilidad de pilotes, las características del terreno kárstico, posibles afectaciones a cenotes y ríos subterráneos, el cumplimiento de condicionantes ambientales y las medidas de mitigación aplicadas durante y después de la construcción.
También se ha planteado la realización de evaluaciones con especialistas ambientales, geológicos, hidrológicos y de ingeniería estructural. Estos requerimientos legislativos no representan por sí mismos la comprobación de daños o fallas, pero muestran que los cuestionamientos sobre el Tramo 5 permanecen dentro de la agenda institucional mexicana.
Desarrollo del Tren Maya mantiene pendiente el componente ambiental
La presencia de las legisladoras de Nueva York agrega exposición internacional al caso, aunque el centro de la discusión permanece dentro del país. Son las autoridades mexicanas las responsables de determinar el cumplimiento de las autorizaciones, condicionantes y medidas ambientales aplicables al proyecto.
Cuatro años después del cambio de trazado, el escenario es distinto al de 2022. El Tren Maya ya opera para pasajeros y el proyecto avanza hacia una fase que busca incorporar mayores capacidades de carga y conexión logística, aumentando el alcance económico de una de las principales obras de infraestructura desarrolladas en el sureste.
El debate ambiental entra así en otra etapa. Ya no se concentra únicamente en las condiciones bajo las cuales se construyó el Tramo 5, sino también en qué impactos dejó la obra, cómo están siendo atendidos, qué seguimiento existe sobre las cavernas intervenidas y qué controles ambientales acompañarán la expansión futura de una infraestructura considerada estratégica para el desarrollo regional.
