La moneda mexicana pierde terreno y alcanza su nivel más débil desde marzo; el retroceso pone a prueba la fortaleza que durante meses sostuvo la narrativa del llamado “superpeso”

El dólar volvió a superar los 18 pesos y colocó a la moneda mexicana frente a una de sus mayores pruebas de 2026. Después de meses en los que la fortaleza cambiaria alimentó la narrativa del llamado “superpeso”, el peso mexicano alcanzó su nivel más débil desde marzo y acumula una depreciación importante durante septiembre.
El movimiento no significa por sí mismo que el “superpeso” haya llegado a su fin. El tipo de cambio peso-dólar responde a múltiples factores y puede registrar correcciones en periodos relativamente cortos. Sin embargo, el regreso a las 18 unidades ocurre mientras algunas de las condiciones que anteriormente favorecieron a la moneda mexicana comienzan a perder fuerza.
El diferencial de tasas que impulsó al superpeso pierde fuerza
Uno de los factores que favorecieron al peso mexicano fue el diferencial entre las tasas de interés de México y Estados Unidos. Durante meses, los elevados rendimientos ofrecidos en México ayudaron a atraer capital mediante operaciones conocidas como carry trade.
La modificación de las tasas de referencia en ambos países ha reducido gradualmente esa ventaja. A ello se suman la fortaleza internacional del dólar, los movimientos en los rendimientos de los bonos estadounidenses y un entorno de mayor incertidumbre internacional.
El resultado comienza a observarse en el mercado cambiario: después de acercarse a los 17 pesos por dólar durante sus mejores momentos de 2026, la moneda mexicana volvió a cruzar la barrera de las 18 unidades.
Un dólar a 18 pesos no afecta a todos por igual
Para las familias mexicanas, un dólar más caro puede traducirse gradualmente en mayores costos de productos importados y de bienes fabricados con componentes o materias primas adquiridas en dólares.
El efecto no es automático. Que el dólar supere los 18 pesos no significa que todos los precios aumentarán inmediatamente ni en la misma proporción. Sin embargo, si la depreciación se prolonga, puede generar presiones adicionales sobre determinados bienes y servicios y convertirse en otro factor para la inflación.
El impacto es más directo para quienes necesitan dólares. Viajes internacionales, compras realizadas en Estados Unidos, servicios contratados en esa moneda o determinadas obligaciones financieras requieren ahora más pesos para cubrir el mismo monto.
Quintana Roo enfrenta las dos caras de un peso más débil
En Quintana Roo, donde el turismo internacional representa una parte fundamental de la actividad económica, la depreciación tiene un efecto particular.
Para los visitantes que llegan con dólares, un peso más débil aumenta su capacidad de compra: cada dólar permite obtener más pesos para gastar en hospedaje, restaurantes, transporte, excursiones y otros servicios. Las empresas turísticas que reciben ingresos en dólares también pueden obtener más moneda nacional al convertir esas divisas.
Pero existe otra cara. Hoteles, restaurantes y prestadores de servicios que utilizan equipos, tecnología, refacciones, alimentos u otros insumos importados pueden enfrentar mayores costos cuando el dólar aumenta.
Para el turista que llega con dólares, México puede resultar relativamente más barato; para el mexicano que necesita comprar dólares, ocurre exactamente lo contrario.
Los 18 pesos no decretan el final del “superpeso”
El regreso del dólar por encima de los 18 pesos funciona como una señal de que las condiciones que favorecieron la fortaleza de la moneda mexicana están cambiando, pero no constituye por sí mismo una frontera que determine el final del llamado “superpeso”.
La evolución dependerá de las próximas decisiones de Banco de México y la Reserva Federal, del comportamiento de la inflación, de la economía estadounidense, de los movimientos internacionales de capital y del escenario geopolítico.
El peso entra así al último trimestre de 2026 bajo una presión que no enfrentaba desde marzo. Las 18 unidades no decretan el final del “superpeso”, pero sí muestran que los factores que lo sostuvieron ya no juegan todos a su favor.
