Jorge Romero mantiene la apuesta por las siglas de Acción Nacional, pero abrió la puerta a acuerdos locales con el PRI y otras fuerzas donde la suma opositora pueda mejorar la competitividad electoral.

Las alianzas del PAN en 2027 dejaron de plantearse como una decisión uniforme para todo el país. La dirigencia nacional de Acción Nacional mantiene su intención de fortalecer sus propias siglas, pero Jorge Romero Herrera abrió la puerta a construir acuerdos electorales distintos según las condiciones políticas de cada entidad.
El cambio no significa que el PAN haya retomado formalmente la coalición nacional con el PRI. Romero ha insistido en que Acción Nacional seguirá apostando por su identidad partidista y que cualquier alianza deberá pasar por una decisión del Comité Ejecutivo Nacional, después de escuchar a las dirigencias y militancias locales.
Del rompimiento nacional a los acuerdos locales
La postura marca una diferencia frente al discurso que el PAN sostuvo desde octubre de 2025, cuando anunció el cierre de su etapa de alianzas nacionales con el PRI y defendió una ruta de competencia con candidatos propios. La presión de liderazgos estatales y el escenario electoral de 2027 obligaron, sin embargo, a introducir una excepción: cada entidad podrá ser evaluada bajo sus propias condiciones.
Romero resumió ese criterio al señalar que el partido debe entrar en un análisis profundo de las realidades locales. La idea es evitar que una misma fórmula se aplique en estados donde el PAN tiene niveles muy distintos de fuerza electoral, estructura territorial y posibilidades de competencia.

En otras palabras, las alianzas del PAN en 2027 ya no dependerán de una sola definición política para todo el país, sino de la conveniencia electoral que la dirigencia nacional identifique en cada territorio.
Los acercamientos ya comenzaron
La nueva estrategia ya tiene expresiones concretas. En Michoacán, las dirigencias estatales del PAN y PRI retomaron conversaciones para explorar una posible alianza rumbo a la elección de gobernador de 2027. Días después, el dirigente nacional priista, Alejandro Moreno, incluso planteó la posibilidad de construir un bloque opositor más amplio en la entidad.
En Baja California Sur, las dirigencias estatales de ambos partidos también iniciaron acercamientos y reconocieron públicamente la existencia de coincidencias que podrían traducirse en acuerdos electorales.
Chihuahua ofrece otro ejemplo. La presidenta estatal del PAN, Daniela Álvarez, confirmó que la dirigencia nacional autorizó explorar acuerdos con el PRI y que comenzarán conversaciones para determinar si existe una base común de cara a 2027.

Quintana Roo entra en el nuevo cálculo
Quintana Roo también forma parte de este escenario. En Cancún, dirigentes y militantes del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano participaron recientemente en un primer encuentro para explorar la construcción de un frente opositor rumbo a 2027.
Los participantes aclararon que todavía no existe una negociación formal ni una coalición acordada. El planteamiento deberá escalar a las dirigencias estatales y nacionales antes de convertirse en una definición electoral.
La apertura de Romero modifica, sin embargo, el contexto en el que se desarrollarán esas conversaciones. Si antes la línea nacional del PAN privilegiaba con mayor rigidez la competencia en solitario, ahora existe margen para evaluar una alianza en Quintana Roo si la dirigencia concluye que puede mejorar sus posibilidades electorales.


La última palabra seguirá en el CEN
La flexibilidad tiene un límite claro. Aunque los comités estatales participarán en el diagnóstico, Romero dejó establecido que la decisión final sobre las alianzas del PAN en 2027 corresponderá al Comité Ejecutivo Nacional.
La fórmula busca equilibrar dos objetivos que hasta hace unos meses parecían contradictorios: recuperar la identidad propia del PAN y, al mismo tiempo, conservar la posibilidad de sumar fuerzas donde competir en solitario pueda reducir sus oportunidades frente a Morena y sus aliados.
Más que un regreso automático al antiguo bloque PAN-PRI, el movimiento apunta hacia una estrategia electoral diferenciada: competir con siglas propias donde Acción Nacional considere que tiene suficiente fuerza y construir acuerdos donde la suma opositora pueda cambiar la correlación electoral.
