La interconexión desde Quintana Roo aporta hasta 55 MW al sistema beliceño, mientras la Península depende de energía externa y recientes contingencias han puesto a prueba una red que crece por debajo de la demanda

La electricidad que México envía a Belice depende de una interconexión ubicada en el sur de Quintana Roo, pero esa relación energética está vinculada a una red peninsular que enfrenta presión entre generación, demanda y capacidad de transmisión. Los apagones recientes en ambos lados de la frontera muestran que la conexión Xul-Há–Belice es estratégica para un sistema beliceño que todavía necesita energía mexicana cuando su generación propia resulta insuficiente.
México exporta electricidad a Belice a través de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desde enero de 1990, de acuerdo con la Embajada de México en Belice. Del lado beliceño, BEL señala que su red nacional está interconectada con la mexicana desde 1998 y que esa conexión aporta hasta 55 MW de capacidad y energía, además de respaldo para su sistema. La importancia de ese suministro quedó expuesta nuevamente a finales de agosto, cuando Belice registró dos episodios de interrupción del suministro proveniente de México mientras su generación interna ya estaba por debajo de la demanda.
Belice necesita electricidad mexicana cuando su generación no alcanza
BEL informó que el 25 de agosto disponía de aproximadamente 103 MW de generación dentro de Belice, frente a una demanda vespertina de 122 MW. El 31 de agosto tenía alrededor de 109 MW disponibles frente a 117 MW de demanda.
En ambos casos, la empresa señaló que la pérdida temporal del suministro de la CFE coincidió con una generación local insuficiente y provocó interrupciones en la red nacional beliceña. La empresa también atribuyó parte de las limitaciones de generación a condiciones estacionales, mantenimiento programado y menor producción de algunas instalaciones.
La capacidad de hasta 55 MW de la interconexión mexicana adquiere otra dimensión frente al tamaño del sistema beliceño. BEL reportó una demanda máxima de 132.3 MW en 2025, por lo que el enlace con México representa una capacidad equivalente a aproximadamente cuatro de cada diez megawatts de esa demanda máxima, aunque eso no significa que México cubra permanentemente ese porcentaje del consumo.
Xul-Há está conectada a una red peninsular bajo presión
El problema no termina en la frontera. Horas antes del apagón del 31 de agosto, el registro del CENACE mostró que la Región Peninsular tenía una demanda neta de 2,612 MW, mientras su generación neta regional era de 1,939 MW.
La diferencia, de 673 MW, equivalía a cerca de 25.8% de la demanda registrada y debía cubrirse mediante intercambios con otras regiones del Sistema Interconectado Nacional. Ese balance no significa que el déficit haya provocado el apagón, que posteriormente fue atribuido por CFE a la salida de dos líneas de transmisión de alta tensión.
El dato sí permite dimensionar la dependencia de la Península: en ese momento la región no generaba localmente toda la electricidad que demandaba y necesitaba recibir energía mediante la red de transmisión.
Una contingencia mexicana también puede afectar a Belice
El antecedente más claro ocurrió el 3 de junio de 2026. CENACE y CFE informaron que la salida de dos líneas de transmisión de 400 kilovoltios provocó la afectación de 579 MW de carga en Quintana Roo y Yucatán y también interrumpió los 54 MW de exportación hacia Belice.
La conexión internacional, por tanto, no opera de manera aislada. Una contingencia en la infraestructura mexicana puede afectar simultáneamente el suministro regional y la energía que cruza hacia Belice.
Esto resulta relevante porque Quintana Roo tampoco tiene una generación suficiente para cubrir por sí mismo toda su demanda. Durante el apagón del 31 de agosto, la generación regional se encontraba por debajo de la demanda y la Península requería intercambio con otras regiones para completar el suministro.


La presión obliga a ampliar la infraestructura eléctrica
La propia realidad del sistema está llevando a impulsar nuevas inversiones. En Quintana Roo se han planteado obras de mantenimiento, modernización, nuevas subestaciones y ampliaciones de capacidad para atender el crecimiento de la demanda eléctrica.
El problema no es únicamente la cantidad de energía que puede producirse. También está en cómo transportarla y mantener estable una red que conecta una Península con creciente demanda con un sistema internacional más pequeño y dependiente de esa interconexión.
Belice, de hecho, ya prepara generación temporal propia en Westlake para fortalecer su capacidad durante los próximos meses. La medida busca reducir su vulnerabilidad ante episodios en los que la generación local no alcanza y el suministro mexicano se interrumpe.
La historia de Xul-Há es, por ello, una historia de interdependencia energética: Belice necesita el respaldo eléctrico que llega desde México, mientras la Península de Yucatán depende de una red de transmisión que debe transportar energía adicional para cubrir su propia demanda. Cuando una contingencia afecta esa infraestructura, el problema puede dejar de ser local y cruzar la frontera.
