En 2015, cuando presidía la Comisión de Cultura del Congreso estatal, Edgar Gasca impulsó una iniciativa para reconocer como patrimonio cultural intangible una tradición musical ligada a la historia, el paisaje y la identidad isleña. El decreto fue aprobado meses después y convirtió aquella expresión popular en un bien cultural protegido por el Estado.

Antes de volver al centro de la política quintanarroense, Edgar Gasca Arceo impulsó desde el Congreso el reconocimiento de la Música de Trova de Isla Mujeres como Patrimonio Cultural Intangible de Quintana Roo, una declaratoria que buscaba preservar una expresión construida durante generaciones alrededor de la vida cotidiana, el paisaje y la memoria de la isla.
Gasca presentó formalmente la iniciativa el 26 de noviembre de 2015, cuando presidía la Comisión de Cultura de la XIV Legislatura. El planteamiento partía de una idea sencilla: las canciones creadas e interpretadas por músicos isleños no constituían únicamente entretenimiento, sino una manifestación cultural capaz de contar la historia de una comunidad y transmitirla a las siguientes generaciones.
El proyecto avanzó en el Congreso y culminó meses después con la expedición del Decreto 395, mediante el cual la Legislatura declaró oficialmente a la trova isleña como patrimonio cultural intangible del estado.
Una música que cuenta la historia de Isla Mujeres
La iniciativa encontraba su fundamento en las características particulares de la tradición musical isleña. En la exposición legislativa, Gasca destacó que la trova había permanecido desde los primeros años de Isla Mujeres como poblado y que sus composiciones hablaban de la belleza del territorio, las costumbres de sus habitantes y el vínculo de la comunidad con su tierra.
A diferencia del patrimonio material, compuesto por edificios, monumentos u objetos, el patrimonio cultural intangible existe fundamentalmente en las prácticas y conocimientos transmitidos entre generaciones. En este caso, las letras, melodías, formas de interpretación y memoria de sus músicos constituyen parte de una tradición que acompaña la transformación de Isla Mujeres de pueblo pesquero a uno de los principales destinos turísticos de Quintana Roo.
La Música de Trova de Isla Mujeres funciona también como una especie de archivo cantado. La mujer, el mar, la luna, la bahía, las estrellas y la propia vida isleña aparecen como motivos recurrentes dentro de composiciones que han contribuido a construir una identidad reconocible para sus habitantes.


Edgar Gasca llevó la iniciativa al Congreso
El registro oficial del Congreso de Quintana Roo confirma que Edgar Gasca presentó la iniciativa el 26 de noviembre de 2015 y que ésta fue turnada a la Comisión de Cultura, que él mismo presidía. Posteriormente recibió dictamen positivo y avanzó hasta su aprobación por el Pleno.
La propuesta establecía un objetivo adicional a la declaratoria: incorporar esta manifestación al Registro Estatal del Patrimonio Cultural, de manera que el reconocimiento no quedara únicamente en un pronunciamiento político del Congreso. El texto planteaba además realizar la declaratoria en la propia Isla Mujeres, acercando el acto legislativo a la comunidad donde nació la tradición.
El proceso avanzó el 25 de febrero de 2016, cuando el Congreso aprobó el dictamen correspondiente y autorizó que el Poder Legislativo trasladara su recinto oficial a Isla Mujeres para realizar la declaratoria.
El Congreso convirtió la trova isleña en patrimonio cultural
El 7 de abril de 2016, la XIV Legislatura expidió finalmente el Decreto 395 y declaró a la Música de Trova de Isla Mujeres como Patrimonio Cultural Intangible de Quintana Roo. El documento apareció posteriormente en el Periódico Oficial del Estado el 15 de abril.
La declaratoria se realizó en la explanada municipal de Isla Mujeres, lejos de la sede habitual del Congreso en Chetumal. Durante aquella sesión se entregaron copias certificadas del decreto a representantes de la comunidad de trovadores y, después de concluir los trabajos legislativos, músicos isleños ofrecieron un concierto.


Gasca defendió entonces la necesidad de que el reconocimiento sirviera para conservar y divulgar esta tradición entre las nuevas generaciones.
“Divulgaremos y preservaremos la música de trova de Isla Mujeres para las futuras generaciones de quintanarroenses”, sostuvo durante la declaratoria.
El legislador describió además esta expresión como un valor cultural capaz de generar identidad y orgullo alrededor de la tierra isleña, cuyas canciones han encontrado inspiración en elementos tan cotidianos como la bahía, la luna, las estrellas y la vida de sus habitantes.
Los nombres detrás de la tradición
La declaratoria también permitió reconocer a quienes mantuvieron viva esa expresión musical. Entre los nombres mencionados durante el proceso aparecen Virgilio “Chino” Fernández, Miguel Sánchez Azueta, Emilio “El Tío” Martínez Pérez, “Tosito” Martínez Trinchán, Martín Burgos Sánchez, Javier Martínez Cen y Rafael Burgos Ríos, identificados entonces por sus aportaciones a la tradición musical de la isla.
En la ceremonia legislativa participaron además representantes y trovadores como Edilberto Sánchez Ancona, Rosario Fernández, Alberto Morejón Díaz, Emiliano Martínez Pérez, Fructuoso Martínez Trinchán, María Jesús Martínez Vera, Javier Villanueva, Willi Chacón y José Concepción Aguilar Nájera, entre otros.
El reconocimiento institucional adquiría así una dimensión distinta: detrás del concepto jurídico de patrimonio intangible existían generaciones de músicos que habían convertido experiencias, paisajes y personajes locales en canciones.
Del patrimonio turístico al patrimonio cultural
La declaratoria ocurrió además en un momento particular para Isla Mujeres. El destino había recibido recientemente la denominación de Pueblo Mágico, y Gasca vinculó entonces la protección de la trova con la necesidad de preservar aquello que distinguía culturalmente a la comunidad más allá de sus atractivos turísticos.
Ese punto conserva vigencia una década después. El crecimiento turístico transforma ciudades, modifica espacios y cambia la relación de sus habitantes con el territorio; las manifestaciones culturales transmitidas entre generaciones funcionan como una forma de conservar memoria en medio de esas transformaciones.
La Música de Trova de Isla Mujeres obtuvo precisamente ese reconocimiento: dejó de depender únicamente de la transmisión entre músicos y familias para adquirir también la categoría jurídica de patrimonio cultural del estado.
Una iniciativa que permanece diez años después
La trayectoria política de Edgar Gasca continuó después de aquella XIV Legislatura y lo llevó a ocupar otros espacios públicos. Sin embargo, el Decreto 395 permanece como uno de los resultados concretos de su paso por la Comisión de Cultura.
La iniciativa presentada en noviembre de 2015 terminó convertida meses después en una declaratoria oficial que reconoció algo que los isleños conocían desde mucho antes: que una comunidad también puede guardar su memoria en canciones.
Diez años después de la publicación del decreto, la trova conserva ese reconocimiento dentro del patrimonio cultural quintanarroense. Y detrás de la declaratoria permanece una historia que comenzó mucho antes que cualquier iniciativa legislativa: la de músicos que encontraron en Isla Mujeres suficiente mar, noches, amores, calles y memoria para convertir su tierra en canción.
