Abelardo de la Espriella tomó posesión este 7 de agosto como presidente de Colombia. Su llegada termina el primer ciclo de la izquierda en el poder y abre un giro en seguridad, economía y política exterior, después de una elección definida por menos de un punto porcentual.
Abelardo de la Espriella asumió este viernes la Presidencia de Colombia para el periodo 2026-2030, en una ceremonia realizada en Cali que marca no solamente un cambio de mandatario, sino un giro en la orientación política del país después de cuatro años del gobierno de izquierda de Gustavo Petro.
De la Espriella, abogado y empresario sin experiencia previa en cargos públicos, llega al poder con una agenda que plantea modificar algunas de las principales políticas del gobierno saliente. Entre sus prioridades se encuentran endurecer la estrategia contra los grupos armados ilegales, reducir el tamaño del Estado, disminuir impuestos, impulsar nuevamente la explotación de petróleo y gas y reorientar las relaciones internacionales de Colombia.
La transición resulta especialmente significativa porque ocurre apenas cuatro años después de que Petro se convirtiera, en 2022, en el primer presidente de izquierda en la historia contemporánea del país. La llegada de De la Espriella devuelve el Ejecutivo a la derecha, aunque bajo un liderazgo distinto al de los partidos conservadores tradicionales: el nuevo mandatario construyó su candidatura como un outsider y alrededor de un movimiento propio, Defensores de la Patria.
De la “paz total” a una política de seguridad más ofensiva
Uno de los cambios más inmediatos podría ocurrir en la estrategia de seguridad. Durante el gobierno de Petro, la llamada “paz total” buscó abrir procesos de negociación con diferentes organizaciones armadas, aunque los resultados fueron desiguales y algunas conversaciones terminaron suspendidas en medio de nuevos episodios de violencia.
De la Espriella ha planteado un camino diferente. Antes de asumir el cargo dio a los grupos armados ilegales un plazo para iniciar su sometimiento a la justicia y anticipó que su gobierno no mantendría el esquema de concesiones y negociaciones utilizado por la administración anterior.
En su discurso de posesión volvió a colocar la seguridad entre las prioridades de su mandato y advirtió que quienes no depongan las armas enfrentarán la capacidad militar del Estado. El cambio supone pasar de una estrategia que privilegiaba la negociación como herramienta para reducir el conflicto a otra que concede mayor peso a la ofensiva de las fuerzas de seguridad.
El desafío, sin embargo, no depende únicamente de la voluntad presidencial. Colombia mantiene presencia de grupos armados en distintas regiones, economías ilegales vinculadas al narcotráfico y la minería, así como territorios donde el control estatal continúa siendo limitado. El alcance de la nueva estrategia dependerá de la capacidad del Gobierno para recuperar esos espacios sin profundizar la violencia que pretende contener.
El petróleo y el tamaño del Estado: otro giro frente a Petro
La ruptura también puede observarse en la economía. De la Espriella hizo campaña con la propuesta de reducir impuestos, disminuir hasta en 40% el tamaño del Estado e incentivar la inversión privada, mientras plantea fortalecer nuevamente los sectores de petróleo y gas.
Esto representa un cambio frente a la política energética de Petro, quien suspendió la firma de nuevos contratos de exploración de hidrocarburos como parte de su estrategia de transición energética.
El nuevo Gobierno también ha defendido la posibilidad de impulsar el fracking, una medida que anticipa una discusión entre la necesidad de atraer inversión y generar ingresos fiscales y los compromisos ambientales del país.
Sin embargo, el giro económico no supone necesariamente desmontar toda la política social anterior. Durante la campaña, De la Espriella aseguró que mantendría medidas populares como el incremento del salario mínimo y algunos programas sociales, lo que apunta a una combinación entre liberalización económica y conservación selectiva de políticas con amplio respaldo ciudadano.
La posibilidad de ejecutar esa agenda estará condicionada, además, por una de las principales herencias que recibe el nuevo mandatario: la presión sobre las finanzas públicas. Reducir impuestos y, al mismo tiempo, atender las necesidades fiscales obligará al Gobierno a definir qué gastos puede recortar y qué tan rápido puede hacerlo sin afectar la operación del Estado.
Política exterior: acercamiento a Estados Unidos y ruptura con aliados de Petro
La llegada de De la Espriella también modifica la posición internacional de Colombia. El nuevo mandatario mantiene una relación política cercana con el presidente estadounidense Donald Trump, quien respaldó su candidatura durante la campaña y envió una delegación presidencial a la toma de posesión.
Este viernes, De la Espriella anunció además el restablecimiento de las relaciones con Israel y la ruptura de vínculos diplomáticos con Cuba y Nicaragua, decisiones que marcan distancia con la política exterior desarrollada por Petro.
Colombia se incorpora así a un movimiento regional en el que gobiernos y liderazgos conservadores han ganado terreno después del avance de la izquierda latinoamericana registrado a principios de esta década. Sin embargo, el caso colombiano tiene una particularidad: el cambio ocurrió mediante una de las elecciones presidenciales más cerradas de su historia reciente.
Una victoria de menos de un punto que dejó al país dividido
De la Espriella llegó a la Presidencia después de derrotar al candidato de izquierda Iván Cepeda en la segunda vuelta del 21 de junio.
El preconteo produjo una diferencia de apenas 249 mil votos. Posteriormente, el escrutinio oficial del Consejo Nacional Electoral otorgó a De la Espriella 12 millones 960 mil 166 votos, frente a 12 millones 708 mil 312 obtenidos por Cepeda. La diferencia final fue de aproximadamente 252 mil sufragios, equivalente a 0.96 puntos porcentuales.
La estrechez del resultado provocó una fuerte controversia. El Pacto Histórico presentó miles de reclamaciones sobre mesas electorales y tanto sectores de la izquierda como el entonces presidente Petro cuestionaron inicialmente el proceso.
El escrutinio, sin embargo, no modificó sustancialmente el resultado. Después de la revisión, el Consejo Nacional Electoral proclamó formalmente a De la Espriella como presidente electo y Cepeda reconoció públicamente su derrota, aunque mantuvo cuestionamientos sobre una posible injerencia extranjera durante la campaña.
La controversia electoral, por tanto, terminó institucionalmente con un ganador reconocido, pero dejó una fotografía política difícil de ignorar: prácticamente la mitad de quienes participaron en la segunda vuelta respaldó la continuidad del proyecto de izquierda y la otra mitad optó por un cambio hacia la derecha.
Más que un regreso de la derecha
La posesión de De la Espriella no significa necesariamente que Colombia haya regresado al escenario político anterior a Petro.
El nuevo presidente no procede directamente de la estructura tradicional que gobernó durante décadas. Su ascenso combina posiciones conservadoras, un discurso de seguridad de línea dura, propuestas de reducción del Estado y una forma de comunicación política asociada a liderazgos como los de Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele.
Ese componente convierte su llegada en algo diferente a una simple alternancia entre izquierda y derecha. También pone a prueba hasta dónde puede trasladarse al Gobierno una plataforma construida desde fuera de la administración pública y con promesas de cambios rápidos en seguridad, economía y funcionamiento del Estado.
De la Espriella inicia, además, su mandato frente a una oposición que conserva una base electoral de casi 13 millones de votos. Petro dejó la Presidencia, pero no necesariamente la escena política, y sectores de izquierda han anunciado que mantendrán una oposición activa al nuevo Gobierno.
Por eso, el cambio que comenzó este 7 de agosto tiene dos dimensiones. Colombia inicia un giro hacia la derecha después de cuatro años de su primera experiencia nacional de izquierda, pero lo hace con una sociedad prácticamente dividida en dos proyectos políticos.
Los próximos meses permitirán saber si De la Espriella consigue transformar su victoria electoral en capacidad de gobierno y cuánto de su programa de ruptura con Petro puede realmente convertir en política pública.
