El megaproyecto inmobiliario planteado para Pok Ta Pok reabre el debate sobre la planeación urbana, las densidades y el futuro de la zona hotelera de Cancún

En opinión de Flor Tapia, el Ayuntamiento de Benito Juárez pretende replicar la voracidad inmobiliaria que llevó a Tulum al colapso y, en coordinación con la empresa Bosque Real, busca que los vecinos de Pok Ta Pok acepten el megaproyecto denominado Proyecto Península, pese a los cuestionamientos sobre sus posibles afectaciones ambientales y urbanas. ¿Lo permitirán los cancunenses?
La discusión sobre el futuro urbano de Cancún cobra especial relevancia ante los nuevos proyectos inmobiliarios planteados para Pok Ta Pok. En una zona hotelera que ya enfrenta saturación vial, presión sobre los servicios públicos y deterioro ambiental, el Ayuntamiento de Benito Juárez promueve modificaciones y desarrollos que podrían transformar de manera irreversible esta área estratégica. El antecedente de Tulum obliga a preguntar si las autoridades están corrigiendo los errores del pasado o preparando el terreno para repetirlos.
Tulum no se destruyó de la noche a la mañana. Su deterioro fue el resultado de años de crecimiento desordenado, cambios de uso de suelo, densidades excesivas y decisiones tomadas para favorecer al negocio inmobiliario por encima del interés público.
Hoy, ese mismo modelo amenaza con repetirse en Benito Juárez.
Mientras el municipio impulsa nuevas reglas urbanas y facilita megaproyectos en una zona hotelera que ya enfrenta graves problemas de movilidad, servicios e infraestructura, el denominado Proyecto Península pretende construir más de mil 300 viviendas en el área del campo de golf de Pok Ta Pok.
De acuerdo con los cuestionamientos expresados por vecinos y ciudadanos, la forma en que se promueve el proyecto genera la percepción de una estrecha coordinación entre el Ayuntamiento de Benito Juárez y la empresa Bosque Real. Una relación que debe ser explicada con absoluta transparencia, especialmente cuando se trata de una obra privada con posibles consecuencias para toda la ciudad.
La pregunta no es solamente si el proyecto resulta rentable para sus promotores. La verdadera pregunta es si Cancún cuenta con la infraestructura, los servicios y la capacidad ambiental para soportar un desarrollo de esa magnitud.
También debe preguntarse por qué una institución pública como el Instituto Municipal de Planeación facilita sus instalaciones para la presentación de un proyecto privado que todavía debe ser analizado, discutido y sometido al escrutinio de los habitantes de la zona.
Porque cuando la planeación urbana se subordina a los intereses inmobiliarios, las ganancias son privadas, pero las consecuencias las paga toda la ciudad: más tráfico, mayor presión sobre el agua y el drenaje, pérdida de áreas verdes, deterioro ambiental y una menor calidad de vida para quienes habitan Cancún.
Pok Ta Pok no es solamente un terreno disponible para construir. Es una de las zonas más sensibles y representativas de la ciudad, y cualquier transformación debe realizarse con estudios técnicos independientes, transparencia absoluta y participación ciudadana efectiva.
El futuro de Cancún no puede decidirse exclusivamente entre autoridades y desarrolladores, ni quedar condicionado por proyectos aprobados con prisas o bajo reglas presuntamente diseñadas a la medida. Antes de colocar la primera piedra, deben ponerse sobre la mesa los impactos ambientales, urbanos y sociales.
Tulum ya mostró el costo de crecer sin límites. Benito Juárez todavía está a tiempo de no repetir la historia. La decisión que se tome en Pok Ta Pok marcará mucho más que el destino de un proyecto inmobiliario: definirá qué modelo de ciudad queremos y quién tendrá derecho a decidirlo.
¿Los cancunenses permitirán que la zona hotelera siga transformándose sin una discusión pública profunda, informada y transparente? La ciudadanía tiene la palabra.
Yo soy Flor Tapia, y esta es mi columna.

