Por Gonzalo Hermosillo
«Las canicas de Gustavo Miranda»

En política no basta con tener canicas. Hay que saber dónde jugarlas.
Y quizá ese sea el dilema que enfrenta Gustavo Miranda en su intención de buscar la gubernatura de Quintana Roo: calcular si el capital político que ha construido realmente corresponde al tamaño de la apuesta que pretende hacer.
Porque una cosa es aspirar y otra, muy distinta, contar con las condiciones para convertir una aspiración en una candidatura competitiva.
Si Miranda comprendiera que sus canicas difícilmente parecen suficientes para disputar la gubernatura, pero que podrían adquirir otro peso colocadas sobre el tablero de Benito Juárez, la historia sería diferente.
Cancún no es cualquier ayuntamiento.
Es el principal destino turístico del país y uno de los centros políticos, económicos y electorales de mayor peso en Quintana Roo. Gobernar Benito Juárez significa administrar una parte sustancial de la actividad económica del estado y ocupar una posición que, en los hechos, funciona como uno de los principales escaparates políticos rumbo a cualquier proyecto futuro.
Ahí, una eventual participación de Miranda podría modificar la conversación.
Si ese “cambio de opción” que tanto pregona se tradujera también en cambiar el objetivo, podría concentrar su capital político en una contienda donde su presencia tendría capacidad para alterar los equilibrios y obligar a Morena a revisar cuidadosamente sus propias cartas.
Pero hasta ahora la apuesta parece ser otra.
Miranda ha colocado su aspiración en la gubernatura y, si mantiene esa ruta, deberá demostrar que cuenta con algo más que voluntad: estructura territorial, posicionamiento, alianzas, capacidad de movilización y una propuesta capaz de competir en todo Quintana Roo.
Porque las elecciones no se ganan solamente levantando la mano.
También se ganan leyendo correctamente el tablero.
Y en ocasiones el mayor error político no consiste en carecer de suficientes canicas, sino en apostar todas en el juego equivocado.
