Más de 7.7 millones de cruceristas llegaron a Cozumel y Mahahual durante 2025, mientras el movimiento de ferrys, transbordadores, pesca y servicios turísticos mantiene una presión constante sobre puertos y ecosistemas; el reto es convertir las políticas marítimas en resultados visibles.

Para Quintana Roo, el mar no es únicamente paisaje. Es carretera, puerta de entrada, fuente de empleo, espacio turístico y parte de la infraestructura que mantiene conectadas a islas y ciudades. Esa dependencia convierte al Día Marítimo Mundial en algo más que una conmemoración internacional: coloca sobre la mesa qué tan preparada está la entidad para sostener una actividad marítima que continúa creciendo.
La Organización Marítima Internacional (OMI) celebró este 24 de septiembre el Día Marítimo Mundial bajo el lema “From Policy to Practice: Powering Maritime Excellence”, que permanecerá vigente durante 2026 y 2027. Por primera vez, el organismo mantendrá el mismo tema durante dos años para concentrarse en un problema que considera central: las normas internacionales sólo generan resultados cuando se convierten en legislación, supervisión, capacitación y prácticas cotidianas dentro de barcos y puertos.
El planteamiento toca directamente a Quintana Roo. La economía estatal depende de una red marítima que mueve millones de turistas, pasajeros, vehículos y mercancías, pero que al mismo tiempo opera sobre algunos de los ecosistemas costeros más sensibles del Caribe mexicano.
Millones de visitantes llegan por mar
La escala del desafío puede medirse primero en cruceros. Durante 2025, Cozumel y Mahahual recibieron en conjunto más de 7.7 millones de cruceristas, un crecimiento de 7.5% respecto del año anterior, según cifras difundidas por la Secretaría de Turismo estatal con información del sector portuario.
Cozumel mantuvo la tendencia durante los primeros meses de 2026. Entre el 1 de enero y el 12 de abril se contabilizaron 506 arribos de cruceros, 2.2% más que en el mismo periodo de 2025, mientras el número de pasajeros pasó de 1 millón 671 mil 613 a 1 millón 740 mil 067, un incremento de 4.1%.
La actividad siguió siendo intensa durante septiembre. Para la semana del 21 al 27 estaban previstos 25 arribos entre Cozumel y Mahahual, incluidos seis cruceros solamente el jueves 24 en Cozumel. Los puertos del estado acumulaban 69 embarcaciones atendidas durante el mes al momento del corte difundido esta semana.
Cada uno de esos movimientos significa miles de personas desembarcando, transporte terrestre, comercio, consumo de servicios, operación portuaria, manejo de residuos, abastecimiento y seguridad.

El crecimiento del turismo marítimo no ocurre solamente frente a la costa: multiplica exigencias dentro y fuera de las terminales.
El sistema marítimo va mucho más allá de los cruceros
Reducir la actividad marítima de Quintana Roo a Cozumel y Mahahual dejaría fuera una parte esencial del sistema.
Las rutas entre Playa del Carmen y Cozumel o entre Puerto Juárez e Isla Mujeres funcionan diariamente como corredores de movilidad. A ellas se suman transbordadores, embarcaciones turísticas, operaciones de carga y actividades pesqueras.
Sólo entre el 1 de enero y el 8 de abril de 2026, los ferrys entre Cozumel y Playa del Carmen movilizaron 540 mil 824 pasajeros. En la ruta de transbordadores Calica-Cozumel-Calica se trasladaron además 86 mil 93 pasajeros mediante mil 98 operaciones hasta el 12 de abril.
APIQROO opera directamente terminales públicas de pasajeros y transbordadores en Cozumel, Isla Mujeres, Punta Sam, Puerto Juárez y Chetumal, mientras su ámbito portuario alcanza otros puntos estratégicos del litoral estatal.
Esto convierte al mar en parte de la movilidad cotidiana de Quintana Roo. Para habitantes de las islas, trabajadores, proveedores y turistas, el transporte marítimo no es complementario: en muchos casos es infraestructura básica.
El crecimiento obliga a invertir en los puertos
Más barcos y pasajeros también significan mayor presión sobre instalaciones que deben mantenerse seguras y funcionales.
En abril, el Gobierno de Quintana Roo anunció siete proyectos para Cozumel y Mahahual financiados mediante el Fideicomiso para el Bienestar del Turismo Crucerista. Entre ellos se encuentran la rehabilitación de los malecones de ambas localidades, obras en calles y espacios públicos de Mahahual, fortalecimiento del cuerpo de bomberos de Cozumel y estudios para regeneración de playas.
Mahahual vivió además otro cambio durante agosto con la instalación del primer Comité de Operaciones del Muelle de Pescadores de Mahahual y La Aguada, luego de que esas instalaciones fueran incorporadas a la concesión de APIQROO para su administración, operación, aprovechamiento y conservación.
Son acciones distintas, pero apuntan al mismo problema: una economía marítima creciente necesita infraestructura capaz de absorberla.
La propia planeación estatal reconoce como reto ampliar y mejorar instalaciones portuarias ante el aumento en el tamaño de las embarcaciones y las necesidades de atraque, operación y servicios.
La protección del mar también forma parte de la infraestructura
La OMI no limita su agenda a barcos y terminales. El lema de 2026-2027 incluye seguridad, nuevas tecnologías, digitalización, ciberseguridad, descarbonización y protección del medio marino.
Para Quintana Roo, esta última dimensión es particularmente sensible. El mismo mar que permite la llegada de cruceros y sostiene actividades turísticas contiene arrecifes, manglares y ecosistemas costeros de los que depende buena parte de la imagen y economía del destino.
Por eso el desarrollo marítimo tiene una paradoja permanente: aumentar actividad sin deteriorar el recurso que permite que esa actividad exista.
El manejo de residuos, la prevención de contaminación, la navegación segura, el impacto de grandes embarcaciones, la protección de costas y la capacidad de responder a emergencias forman parte de la misma ecuación.
La OMI advierte que ese es precisamente uno de los puntos débiles del sistema internacional.

Tras completar su primer ciclo obligatorio de auditorías a Estados miembros, identificó dificultades para trasladar reglas globales a legislación nacional y operaciones efectivas, particularmente por falta de experiencia técnica, infraestructura y supervisión.
Del documento al muelle
Ahí es donde el lema del Día Marítimo Mundial encuentra su traducción más directa para Quintana Roo. “De la política a la práctica” significa que una norma ambiental debe terminar cambiando la forma en que opera una embarcación; que una política de seguridad debe reflejarse en terminales mejor equipadas; que una estrategia portuaria debe convertirse en infraestructura suficiente; y que el crecimiento turístico debe ir acompañado de capacidad para proteger el litoral que lo sostiene.
Quintana Roo ya tiene algunos ejemplos de esa transición: inversiones en infraestructura, reorganización de instalaciones como las de Mahahual y La Aguada, proyectos de regeneración costera y una administración portuaria que atiende rutas utilizadas todos los días por residentes y visitantes.
Pero las cifras de pasajeros y arribos también muestran que la presión seguirá aumentando. El desafío no consiste solamente en recibir más cruceros o transportar más personas. Está en conseguir que ese movimiento sea seguro, eficiente y compatible con la conservación del Caribe.
Para Quintana Roo, el mar es simultáneamente infraestructura, economía y patrimonio natural, y ahí está la medida real del Día Marítimo Mundial: no cuántas políticas existen para protegerlo y ordenar su uso, sino cuántas ya pueden verse funcionando en cada puerto, cada embarcación y cada tramo de costa.
