Mientras Ariadna Montiel mantiene un discurso de unidad rumbo a 2027, Rafael Marín acusa una campaña para frenar su posicionamiento, sostiene que se han roto los acuerdos de civilidad y toma distancia de Alejandro Arcos, a quien reduce a “un voluntario más” de su estructura.

Ariadna Montiel ha insistido en presentar como un movimiento de unidad la estructura política que se construye en Quintana Roo rumbo a 2027. Sin embargo, las declaraciones de Rafael Marín Mollinedo dejan ver señales de fuego amigo en la competencia: el aspirante acusa una campaña de desprestigio para frenar su posicionamiento y sostiene que sus adversarios han roto los acuerdos de civilidad promovidos por la dirigencia de Morena.
La confrontación salió a la superficie a partir del caso de Alejandro Arcos. Marín reconoció que éste se incorporó al staff de su movimiento, pero redujo su participación a la de “un voluntario más” y rechazó cualquier responsabilidad sobre sus actuaciones.
El deslinde ocurre mientras Montiel mantiene su llamado a la unidad entre los distintos grupos que participan en el proceso rumbo a 2027. La respuesta de Marín introduce un elemento distinto: mientras Morena busca contener públicamente las confrontaciones, uno de los aspirantes denuncia una “guerra sucia” y sostiene que el pacto de civilidad no se está respetando.
Marín acusa una “guerra sucia”
Rafael Marín atribuyó la repercusión del caso Arcos a una campaña en su contra y aseguró que los ataques aumentaron conforme avanzó el posicionamiento que afirma registrar en distintas mediciones.
“Esto yo veo que es parte de una campaña, una guerra sucia […] los adversarios tienen mucho dinero, ve tú a saber cómo le hacen, pero me involucran en algo que yo no tengo nada que ver”.
El aspirante no identificó públicamente a las personas o grupos a quienes atribuye la operación ni presentó elementos para acreditar el supuesto financiamiento de las publicaciones.
Sí vinculó los ataques que denuncia con la competencia política y con el incumplimiento de los acuerdos de civilidad que, asegura, la dirigencia nacional ha buscado mantener entre quienes participan en el proceso.
Sus declaraciones permiten leer el episodio como una señal de fuego amigo en la disputa rumbo a 2027, aunque Marín no señaló directamente a otro aspirante de Morena como responsable de la campaña que denuncia.
La acusación contrasta con el discurso de unidad que ha acompañado la construcción política alrededor de Montiel y con los llamados de Morena a evitar confrontaciones entre los grupos que buscan posicionarse rumbo a la definición de la candidatura.
Alejandro Arcos, de cercano a “un voluntario más”
En medio de esa disputa, Marín buscó también delimitar públicamente el alcance de su relación con Alejandro Arcos. El aspirante reconoció que Arcos se acercó al staff de su movimiento, pero sostuvo que lo hizo como muchas otras personas que participan voluntariamente en su estructura.
La caracterización contrasta con antecedentes que han ubicado a Arcos alrededor de Marín desde antes de los actuales recorridos políticos.
Canal Caribe documentó previamente la relación entre ambos desde el paso de Marín por la Agencia Nacional de Aduanas de México, así como la posterior presencia de Arcos en actividades relacionadas con su proyecto político en Quintana Roo.
Marín sostiene ahora que esa cercanía no implica que deba responder por las actuaciones de terceros.
“Yo respondo por Rafael Marín”.
El deslinde no atribuye a Marín responsabilidad alguna por los actos señalados a Arcos. Sí establece la dimensión que el aspirante da ahora a esa relación: reconoce que Arcos participó dentro de su estructura, pero sostiene que lo hizo únicamente como voluntario..
Ariadna Montiel rechazó que los señalamientos alrededor de Alejandro Arcos pudieran trasladarse automáticamente a Rafael Marín y buscó marcar distancia entre las actuaciones atribuidas a Arcos y el proyecto político del aspirante.
La posición de Marín completa ahora ese deslinde desde otro ángulo: acepta que Arcos estuvo dentro de su estructura, pero rechaza que esa participación implique responsabilidad sobre sus actuaciones.
De esta manera, el caso deja de limitarse a la situación particular de Arcos y alcanza la competencia política en la que participa Marín, quien considera que los señalamientos están siendo utilizados para golpear su posicionamiento.
El pacto de civilidad enfrenta su primera prueba
Marín reconoció que la dirigencia nacional de Morena ha buscado preservar la unidad entre quienes participan en la construcción política rumbo a 2027. Su denuncia, sin embargo, muestra las dificultades para mantener ese acuerdo conforme avanza la competencia.
Según el aspirante, los ataques responden al crecimiento que asegura tener en distintas encuestas. Las mediciones disponibles forman parte del posicionamiento previo de los aspirantes y no constituyen todavía una definición de Morena sobre la candidatura al Gobierno de Quintana Roo.
Marín aseguró que respetará el procedimiento del partido y rechazó que su participación responda a una ambición personal.
“No soy un ambicioso vulgar, ni ando obsesionado por algún cargo”.
El aspirante sostiene que continuará sus recorridos por Quintana Roo pese a lo que considera una campaña para desacreditarlo.
La denuncia introduce así una tensión en el proceso que Morena intenta conducir bajo un mensaje de unidad. Marín habla de “guerra sucia”, acusa que el acuerdo de civilidad no se está respetando y considera que los ataques buscan contener su crecimiento político. No identifica quién está detrás.
Pero mientras la dirigencia intenta mantener cohesionados a los distintos grupos rumbo a 2027, el golpeteo que denuncia uno de sus aspirantes deja asomar el fuego amigo que el propio pacto de civilidad buscaba evitar.
