El ejemplar conserva restos de distintas presas y señales de que fue atacado por otro gran depredador marino, una combinación excepcional para estudiar el comportamiento del Cretácico

Un fósil en Australia permitió reconstruir una compleja relación de alimentación ocurrida en el antiguo mar de Eromanga, en Queensland. El estudio, publicado el 28 de julio en Gondwana Research, analizó un ictiosaurio (integrante de un grupo de reptiles marinos que produjo algunos de los animales oceánicos más grandes de la era Mesozoica), recuperado cerca de Richmond, y encontró mediante técnicas de imagen no destructivas evidencia de lo que consumió antes de quedar incorporado al registro fósil.
El fósil en Australia fue localizado en agosto de 2019 por visitantes de un sitio público de búsqueda y recuperado completamente tres años después por Kevin Petersen, curador de Kronosaurus Korner. La investigación fue encabezada por Matt White, de la University of New England, junto con especialistas de la Australian Nuclear Science and Technology Organisation (ANSTO), donde se examinaron bloques asociados al animal sin destruirlos.
¿Cómo un fósil en Australia se convirtió en prueba forense?


La clave estuvo en varias concreciones asociadas al ejemplar. En lugar de retirarlas de forma mecánica, los científicos utilizaron tomografía de neutrones para observar su interior y reconstruir digitalmente materiales que podían dañarse durante una preparación convencional.
El análisis reveló un conjunto de restos pertenecientes a diferentes organismos marinos. La combinación permitió a los investigadores identificar contenido digestivo y obtener evidencia directa sobre la alimentación del ictiosaurio del Cretácico, algo mucho menos frecuente que inferir una dieta solamente por la forma de dientes y mandíbulas.
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Las pistas escondidas dentro de la roca
| Hallazgo | Qué permitió establecer |
|---|---|
| Peces y cefalópodos preservados | El animal había consumido distintos tipos de presas |
| Fragmentos de mandíbula inferior de pterosaurio | Primera prueba directa de este tipo de presa en un ictiosaurio |
| Restos agrupados inmediatamente detrás del cráneo | Su posición respalda que se trataba de contenido digestivo |
El fósil en Australia ofrece algo más que anatomía: conserva comportamiento. En paleontología, los investigadores también utilizan coprolitos, desgaste dental, marcas sobre huesos y restos alojados en zonas anatómicas específicas para reconstruir relaciones entre especies que desaparecieron hace millones de años.
“Lo que me sorprendió no fue solo el tamaño del animal, sino la forma en que su esqueleto había sido dañado.”
— Matt White, investigador asociado de la University of New England
Los investigadores consideran que Kronosaurus queenslandicus es el candidato más probable para explicar la intervención posterior sobre el ictiosaurio, por su presencia en aquel ecosistema y la potencia de sus mandíbulas. Sin embargo, el estudio no establece si el pliosaurio cazó al animal vivo o aprovechó posteriormente el cadáver.

Un fósil que exigió paciencia
- 6 a 7 metros: longitud estimada del ictiosaurio.
- Más de 600 horas: trabajo dedicado a preparar el ejemplar.
- Cerca de 1,150 fósiles: piezas resguardadas actualmente por Kronosaurus Korner.
Fuentes: ANSTO y Kronosaurus Korner.
La importancia del fósil en Australia está en reunir distintas formas de evidencia en un solo hallazgo y reconstruir relaciones ecológicas que rara vez quedan preservadas. El ejemplar muestra cómo la tecnología puede convertir huesos, sedimentos y restos diminutos en pistas sobre un ecosistema desaparecido.
